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jueves, 5 de febrero de 2009

Mis amadas muertas (II)

Un par de alumnas se estaban retirando y él las veía alejarse por la calle cuando otra figura conocida apareció, acercándose mientras le clavaba la mirada. Su atuendo era negro como su cabello, indicando que se trataba de una de las chicas de Anaika.
Llegó a la casona donde residían. Rara vez un varón entraba, más raro aún que fuera invitado, lo cual hizo al profesor sospechar que algo extraño ocurría.
-Bienvenido Zerstror -lo saludo Anaika al verlo entrar.
-Saludos -respondió con cierta frialdad- casi olvidaba ese nombre. Ya nadie me nombraba así.
Una sonrisa y olvidó el comentario. Pronto le contó lo ocurrido con una de las chicas, obligada a destruir a su hermana vampirizada. Ellas, si bien tenían conocimientos en ocultismo y demonios, aún no estaban tan adentradas en acciones contra seres de la noche como Zerstror, ya experimentado.
-Nuestras intenciones son saber cuales son las intenciones de un vampiro en este lugar. Desde hace mucho buscamos alguno con quien intercambiar información...
-Quieren saber la verdad sobre vampiros y qué secretos pueden sacarles si se alían a él o ellos -la interrumpió Zerstror- Me equivoco?
-Dicho así parece que fuéramos nenas buscando un juguete nuevo -comentó, y volvió a dejar escapar esa sonrisa que no denotaba alegría sino algo atemorizante para casi cualquiera- Encontramos un posible contacto del vampiro, pero necesitamos un hombre para acompañarnos. Una de mis hermanas te acompañará.

Zerstror asintió. Hacia demasiado tiempo que no contactaba con vampiros, pero recordaba detalles que le fué revelando a su inquieta acompañante por el camino.
-Los vampiros no se contagian por la mordida. Cuando un vampiro deja a una víctima sin desangrar por completo y le da a beber algo de su propia sangre le transmite un tipo de células que crean un lazo espiritual... o telepático quizás... dándole una nueva vida parcial pero a la vez pudiendo controlar sus actos a su voluntad. Serían "no muertos" y no vampiros.
-Esclavos -murmuró- como los zombies de los isleños.
Zerstror se detuvo al ver detenerse a la chica, pequeña y delicada como una muñeca, dejar de caminar y colocarse una cadena de perro al cuello; le entregó el extremo opuesto y le explicó:
-Es la única forma en que dejarían entrar a una chica -y señaló el lugar al que se dirigían.

Entraron al megabar, repleto solo de hombres con los ojos clavados en una barra sobre la que se exibían docenas de mujeres con escasas ropas. La chica reconoció entre ellas a las no-muertas que se encontrara la otra noche y algo empezó a bujir en la mente de Zerstror.
Avanzaron hasta una puerta en el fondo del lugar, tras la barra. Un guardia les salió al paso y un movimiento de la mano de la chica frente a su rostro, sin tocarlo, lo dejó paralizado. Entraron forzando la puerta, encontrando una escalera y, al subir, un dormitorio con una enorme cama llena de mujeres desnudas, chorreando sangre por todas partes, y en medio de todas un hombre, lampiño y delgado pero aún varonil, cubierto de cicatrices y símbolos, que en su boca tenía unos colmillos que babeaban y goteaban líquido rojo y caliente mientras su pene ostentaba haber sido saciado en otra clase de sed.
Volteó para ver a sus visitantes y limpió su boca con el dorso de la mano.
-Sabía que vendrían, pero no esperaba que fuera tan pronto -comentó, riendo irónico.
- Gusto en verte de nuevo.

2 comentarios:

Mariana Alvez Guerra dijo...

Chicos no fueron a buscar sus premios :(

Minnie dijo...

acaso esto describe los deseos reprimidos de los miembros del blog por ir a ver stripers?