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martes, 13 de enero de 2009

La nocturna (IV)


Un estampido inundó los pasillos, agudo y poderoso como debe de ser el silbato de dios llamando a los ángeles a comer sus sobras, y las creaturas humanas salieron a raudales de los recintos hacia el hall. Inmóvil entre tanto ajetreo permanecía una figura elegante y oscura como una rosa negra, aguardando a verlo salir. El rostro le era desconocido mas aún así pudo reconocer al espíritu que lo portaba como un niño que cambia de máscara; o como una serpiente que cada tanto cambia de piel, sería mejor decir.
Él se detuvo ante la muchacha. Una leve reverencia fue el único saludo que vió apropiado. Anaika respondió con otra, un tanto más acentuada, sin apartarle del rostro la mirada fría e incisiva.
Salieron de la escuela. Caminaron juntos por las calles angostas ensombrecidas por edificios relativamente bajos. Era el atardecer y por las veredas chicos y chicas se preparaban para la noche, cuando las presiones sociales y familiares iban a dormir junto con quienes las impusieran.
- Hay una revolución -dijo Anaika.
- Era un pollo que estaba a punto de romper el cascarón.
- Y no tuviste mejor idea que despertar a mamá gallina para que les trajera maíz -agregó la chica, llevando la metáfora a un punto casi tonto, tan tonto como quería mostrar la acción del profesor.
- Ella no es mamá gallina, lo sabés.
Anaika se detuvo y tironeó de su brazo para verle los ojos: - Es una de sus primeras hijas, cada noche desatará instintos para los que esta tierra no está lista!
- Mejor ahora que cuando despierte... ya sabes quien...
Anaika lo soltó de repente. La expresión en sus ojos cambió, y entreabrió los labios sin darse cuenta.
- Ella-quien-es-la-noche preparará al mundo para su llegada.
Alzó la mirada: un balcón vomitó aullidos de un grupo de jóvenes a quienes toda seriedad les abandonó por completo al ver una sombra demoníaca avanzar por la calle, dando pasos felinos con sus piernas esbeltas, deslumbrante de oscuridad, ataviada en telarañas y mortajas raídas que dejaban al descubierto partes de la escultura al deseo, al instinto definitivo.
Ella era conciente de lo que inspiraba. De hecho, llevaba todo el camino haciéndolo a su voluntad, irradiando un aura desatadora de instintos que acababa con toda cadena que la moralidad impusiera a la libertad del animal que todo humano llevaba dentro.
- Atención mortales -dijo ella al ver a los dos que la buscaban- la heredera de Lilith ha llegado!

1 comentario:

Mariana Alvez Guerra dijo...

No me canso de repetirlo queridos chicos, ustedes si que tienen un talento que me quita el aliento. Continuen con el perfecto trabajo que estan haciendo y les vaticino un mundo de exito sin fin.